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Esta mañana, mientras trasteaba con el ordenador enviando unos mails, buscando imágenes para los post y creando contenido para mi proyecto, una pequeña mueca en forma de “puchero” se expresó en mis labios. Sin más, una lágrima acarició mi mejilla en silencio y llevándome las manos al pecho, llené el silencio con un sentido GRACIAS.

Y es que me siento tremendamente agradecida. Miro a mi alrededor y sólo puedo ver lo afortunada que soy.
Agradecida de tener una familia que me apoya y me acompaña siempre, de personas que, cada día, me entregan y enseñan el amor incondicional, ese amor generoso que entrega y que no exige. De todas las personas que me muestran mis brechas de aprendizaje y me acompañan a crecer y a transformarme, cada vez más, en quien quiero ser. Personas que me regalan su confianza dejándome asomarme a su parte más vulnerable e íntima.

Agradecida de tenerlo todo para experimentar este gran regalo que es la vida. Agradecida de la libertad de elegir. Por elegir confiar en mi, en la vida y en las personas. Del espacio al que llamo mi hogar y todas las comodidades que existen en él, de los tantos hogares que comparto. De todas las personas que aparecieron a lo largo de mi vida y dejaron experiencias compartidas que me han llevado a ser quien soy hoy. Por las horas bajas que me hicieron aprender, crecer y reinventarme.

Por aquellas risas hasta dolerme la tripa con aquellos amigos de siempre, por aquellas lágrimas compartidas que me permiten conectar con otros y entender que la vulnerabilidad, simplemente, me hace humana. Por las lágrimas en soledad en las que aprendí a pedir ayuda. Por aquellos abrazos largos, por aquellos espontáneos que me regalan y regalo. Por las sonrisas que me dedican. Por darme permiso para ser cada día más auténtica, por abrazar mis sueños, por mis ganas de seguir avanzando, por aprender a ser generosa también conmigo misma. Por todo aquello que comparto con los que están y los que se fueron pero siguen llenando con su energía mi corazón. Por los paseos, por los hermosos paisajes que se graban en mi retina.

Hoy me siento tremendamente agradecida por todo ese universo del que formo parte… porque hoy siento por todos los poros de mi piel que la vida me regala y me sostiene.

GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS, a todos, a mí y a la vida.

Y, sin darme cuenta, la gratitud me conectó con la ABUNDANCIA y de la abundancia se desplegó y manifestó toda mi creatividad en forma de ideas, colores, músicas y danzas. Oxigeno, amplitud, paz y serotonina a raudales.

Y es que el agradecer no sólo me conecta con la abundancia si no también con la dicha y la alegría.

Cuéntame ¿Qué es aquello que agradeces? ¿Cuál es tu manera de conectarte con la abundancia?