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Apreciar la sutil diferencia de estos dos tiempos verbales ha marcado una distinción sustancial en mi vida.
Durante mucho tiempo fui detrás de buscarme para encontrarme, para saber quién soy. Creía que saberlo me traería las respuestas a todas las dudas existenciales que me han acompañado durante gran parte de mi vida.

En esa búsqueda pude darme cuenta que toda palabra que me definía era como algo inamovible… algo que, ante muchas situaciones me llevaba a decir: “Yo soy así, qué le voy a hacer”.
Eso me hacía creer que no tenía otra posibilidad de hacer las cosas, dado quien era. Juzgar que era de una determinada manera me llevaba a cerrar posibilidades de aquello que quería.

Hoy sé que, así como la vida se construye momento a momento, en el instante presente, también yo.
Que, igual que la vida, en cada instante tengo la posibilidad de rediseñarme, de moldearme para ser quien necesito ser, para poder hacer y tener aquello que quiero.

“No puedo“, “es que yo soy así”, ” no se me da bien esto o aquello”, “ es que yo soy muy sensible” o “seré tonta”, “ soy torpe”, ” esto no es para mí”, “soy inútil”, “soy lenta”… ¿Te suenan estas frases?
¿En cuántas ocasiones te repites cosas como éstas?
Y es que en una multitud de ocasiones hacemos generalizaciones y nos ponemos etiquetas, éstas actúan como losas de piedra, imposibles de mover.
Sin embargo, en cada momento, estamos siendo.

Estar siendo es un precioso tiempo verbal que me permite rediseñarme en cada momento, que me abre la posibilidad de elegir quien quiero ser en cada instante, que, inevitablemente, me lleva al presente, a vivir de instante a instante para traer a mi consciencia quién estoy siendo y elegir.

Y si no alcanzas lo que deseas con lo que te estás contando, te invito a que puedas abrirte a un espacio de reflexión.
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