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¿Te ha pasado alguna vez que después de haber conseguido algo que querías mucho o con lo que soñabas, al cumplirlo te quedaste con la sensación de que no era lo que esperabas? Con una sensación de vacío.

La pareja, la casa, el tipo de relación y de familia, el perro, el coche, tantos ingresos al mes, el trabajo, el tipo de trabajo, el sitio en el que vivir… Y una innumerable lista de cosas materiales que te hacen pensar que cuando las tengas serás esa persona que quieres ser y te harán alcanzar la felicidad…Y es que, en muchas ocasiones, los sueños que perseguimos están condicionados por la cultura y la sociedad en la que vivimos.

En mi caso mi inercia me ha llevado a crear vidas que, aunque, sin duda, han sido experiencias llenas de gran crecimiento y aprendizaje, nada tenían que ver con mis sueños, sino con los sueños de otros. En mi caso los de mi familia y los de la pareja que en el momento me acompañaba.

Por esa inercia tuve un negocio de hostelería, estuve en el proceso de expansión de la empresa familiar en el sector textil y me fui a vivir a Alemania.

En estas experiencias me di cuenta que pese a la ilusión y energía que se me despertaba ante la posibilidad de crear algo nuevo y diferente, una vez creado, me aparecía una sensación de vacío que me llevó a preguntarme cuánto de mi había en eso que había creado, qué era aquello que realmente quería y soñaba para mí, qué era lo que me hacía vibrar y sentirme plena, qué me daba sentido.

Fue esa reflexión la que me hizo emprender un apasionante viaje al interior de mi misma, a recorrer un camino lleno de reflexiones, preguntas sin respuestas, incertidumbre, cuestionamientos y desafíos que me condujeron a conectar con mis valores, con aquello que era importante para mi, con mi verdad, dando paso a que fuera apareciendo toda mi creatividad y autenticidad, y regalándome la posibilidad de poner esa creatividad y autenticidad al servicio de mis sueños.

¿Y tú, en qué momentos pones tu creatividad y autenticidad al servicio de tus propios sueños?

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